Leal colaboradora Nazi y devota de Adolf Hitler: la verdadera historia de Eva Braun. Una nueva biografía explica por qué el lado serio de la "rubia tonta" del Führer se oculta en la historia

Por décadas ella ha sido vista como un compañero de decoración a Adolf Hitler, un apolítica "rubia tonta", cuyas atenciones servían como una diversión ocasional para el Führer. Sin embargo, la primera biografía académica de Eva Braun pinta un cuadro diferente de la novia permanente del dictador, reclamando a los historiadores que han subestimado enormemente el papel que desempeñó en su vida.
Heike Görtemaker, historiadora de Berlín, concibe a Braun como una mujer comprometida que ganó los afectos de Hitler, que disfrutaba de una vida sexual sana con él, simpatizaba con la política nazi y le daba apoyo psicológico al Fürer. Görtemaker pasó tres años investigando su libro, Eva Braun: La vida con Hitler, que saldrá este mes, deacuerdo con la prestigiosa casa editorial CH Beck. Ella fue capaz de accesar a documentos poco conocidos, cartas, diarios y fotografías del Régimen Nazi.
Según el relato de Görtemaker's, Braun era plenamente consciente de los giros y cambios de decisiones de la política nazi y no hizo ningún intento de hablar en contra del Holocausto. "Ella estaba en el ojo del huracán y sabía lo que estaba pasando. No era una mera espectadora", comenta el historiador.
El ministro de propaganda de Hitler, Joseph Goebbels, anotó en su diario que Braun era una "joven brillante que significaba mucho para el Führer". Görtemaker tiene pruebas de que ella estaba presente en las reuniones entre Hitler y los nazis de alto rango. La relación también tenía una calidad diaria raramente explorada por los historiadores, como las revisiones de Hitler sobre los detalles domésticos y negarse a compartir su dieta vegetariana. "No puedo comer eso", decía.
Görtemaker culpa a los historiadores británicos por dar forma a la imagen de Braun, alegando que escritores como Ian Kershaw y Hugh Trevor-Roper, y los historiadores como el alemán Sebastian Haffner, la juzgaron insignificante y calificaron su relación con Hitler como banal. Ella afirma que el difunto Lord Dacre (Trevor-Roper) hizo más para influir en la percepción tradicional (acerca de Braun). Un oficial de inteligencia en tiempo de guerra que llevó a cabo una investigación oficial sobre los últimos días de Hitler y realizó numerosas entrevistas con sus allegados después de la guerra, describió a Braun en una sola palabra como "no-interesante".
Hitler llegó por primera vez a Braun en 1929, cuando tenía 40 años y ella tenía 17. Ella trabajaba en una tienda de cámaras de Munich dirigida por su fotógrafo oficial, Heinrich Hoffmann. Según la hija de Hoffmann, las primeras palabras de Hitler fueron: " ¿Podría invitarte a la ópera conmigo, Fräulein Eva? Verás, estoy rodeado de hombres y sé lo que es el placer de disfrutar de compañía femenina." Las citas en el cine y restaurantes ocurrieron posteriormente.
Braun estaba con él en su búnker de Berlín, mientras la ciudad cayó en manos de las fuerzas rusas en 1945 y compartió su suicidio en la tarde del 30 de abril.
Görtemaker, dijo que reconocer que Hitler tenía una "relación normal" era una parte vital del proceso de verlo como un producto razonable de la sociedad alemana en la primera mitad del siglo 20. "El estaba presentado como incapaz de tener una vida privada", dice. "Él dijo que no podía casarse porque estaba casado con Alemania."
Braun tenía su cuarto privado en su retiro de la montaña Berghof, donde se entretenía entre sus visitas con la lectura, disfrutando del aire libre y las fiestas. "Cuando ella estuvo allí , llevó lo que puede llamarse una existencia bohemia", comenta Görtemaker.
La historiadora está "totalmente convencida" de que, contrariamente a la creencia popular, Braun y Hitler tenían una vida sexual normal. Los amigos y familiares de Braun dicen que ella se rió al ver una fotografía del primer ministro británico Neville Chamberlain sentado en un sofá en el apartamento de Hitler en Munich en 1938, y dijo: "Si tan sólo él supiera lo que sucedía en ese sofá".
"Simplemente no encajaba en la imagen que la gente tenía de él. Muchas mujeres, en particular, no les gustó la idea, preguntándose cómo puede alguien ser lo suficientemente buena para Hitler", finalzó Görtemaker.